Una reseña necesaria para un debate impostergable
Por Erasto Zayas Núñez
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En un panorama literario e historiográfico donde a menudo se repiten los lugares comunes o se evitan las preguntas incómodas por deferencia al poder, la obra del profesor Juan Meléndez Alicea, catedrático retirado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, irrumpe como un trueno necesario. “1776 y Puerto Rico” no es simplemente un libro de historia; es una provocación intelectual de primer orden, escrita precisamente para sacudir los cimientos de la complacencia ante la inminente conmemoración del aniversario número 250 de la independencia de los Estados Unidos.
Lo que hace este texto no solo pertinente, sino verdaderamente magistral, es su innovador y valiente punto de partida. Meléndez Alicea nos obliga a girar el telescopio y mirar a Puerto Rico desde el punto de vista norteamericano, un ejercicio de perspectiva inversa que resulta tan revelador como desgarrador. No se trata de la narrativa insular mirando hacia el norte con anhelo; se trata de analizar el desarrollo del imperio estadounidense y entender cómo las ondas expansivas de su fundación golpearon, inevitable y trágicamente, nuestras costas.
El primer capítulo es un golpe de efecto que establece el tono moral de toda la investigación. Al anclar el análisis en el discurso de 1852 del exesclavo Frederick Douglass, “¿Qué es el 4 de julio para un esclavo?”, el autor nos despoja de cualquier romanticismo patriotero. Nos recuerda que la libertad que se celebraba en Filadelfia era, para una inmensa porción de la humanidad dentro de esas mismas fronteras, una burla sangrienta. A partir de ahí, el profesor Meléndez Alicea teje una narrativa ampliamente documentada y de una solidez académica impecable, demostrando cómo Estados Unidos se forjó como imperio mucho antes del 1898.
El libro desmenuza sin ambages ni eufemismos la realidad fundacional de la república norteamericana: una nación construida sobre el robo sistemático de las tierras indígenas y una economía erigida sobre las espaldas laceradas de los negros esclavizados. En este contexto, el destino de Puerto Rico deja de ser una anomalía o un accidente de la Guerra Hispanoamericana para revelarse como lo que verdaderamente es: la continuación lógica de un patrón imperial.
Especialmente dolorosa y reveladora es la sección dedicada al envío de puertorriqueños a las escuelas diseñadas para borrar la herencia cultural indígena (una inversión brutal a los internados para los indígenas en Estados Unidos ). Aquí, Meléndez Alicea demuestra por qué su larga trayectoria con el tema le confiere una autoridad inigualable: su prosa es la de un maestro que conoce a fondo las herramientas de colonización cultural y las expone con la frialdad del forense y la pasión del patriota.
El libro culmina en la era contemporánea con una conclusión tan lúcida como devastadora: el coloniaje que sufre Puerto Rico no es una excepción jurídica extraña, sino la manifestación predecible de un patrón que han seguido todos los imperios a lo largo de la historia.
1776 y Puerto Rico es, en definitiva, un libro imprescindible. Es una obra que honra la tradición de pensamiento crítico de la Universidad de Puerto Rico y que cumple con creces su cometido: provocar ese debate serio, profundo y a menudo esquivo que la Isla necesita tener de cara al 2026. El profesor Meléndez Alicea ha escrito un texto valiente, riguroso y dolorosamente hermoso en su claridad. Lectura obligada para quien quiera entender, de una vez por todas, por qué el águila calva del norte sigue proyectando su sombra sobre el coquí.
Reseña de 1776 y Puerto Rico
Por Gladys Cardona Torres
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“1776 y Puerto Rico”, del Dr. Juan Meléndez Alicea, es una obra profundamente reveladora que replantea con audacia la narrativa tradicional de la historia estadounidense y su relación con Puerto Rico. Publicado por Publicaciones Gaviota, este libro se distingue por su enfoque crítico, bien documentado y sumamente cautivador, que atrapa al lector desde las primeras páginas.
El autor, profesor retirado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, ofrece una perspectiva innovadora al examinar cómo los primeros colonos británicos en el Nuevo Mundo evolucionaron rápidamente hacia estructuras de poder imperial, marcadas por el despojo de tierras indígenas y la esclavización de africanos. Meléndez Alicea establece un hilo conductor convincente entre estas prácticas y el trato que posteriormente recibió el pueblo puertorriqueño tras el cambio de soberanía en 1898, destacando las implicaciones de este legado histórico sobre una sociedad mestiza.
Uno de los mayores aciertos del libro es su rigurosidad investigativa, combinada con una narrativa ágil y envolvente que invita a la reflexión sin sacrificar el placer de la lectura. Cada argumento está sólidamente respaldado, lo que aporta credibilidad y profundidad a su propuesta interpretativa.
“1776 y Puerto Rico” no solo enriquece el entendimiento histórico, sino que también desafía al lector a reconsiderar ideas preconcebidas sobre el pasado y sus repercusiones en el presente. Es, sin duda, una lectura imprescindible para quienes buscan una visión más completa y crítica de la historia compartida entre Estados Unidos y Puerto Rico.
El libro está disponible en la Librería Norberto González y a través de Libros787.com.
Entrevista de Bandera Roja con el autor Juan Tito Meléndez
★★★★★
En el contexto de la conmemoración del 250 Aniversario de la Independencia de los Estados Unidos el compañero Juan Tito Meléndez ha publicado un libro, 1776 y Puerto Rico, que presenta una versión alternativa a la narrativa tradicional sobre el desarrollo de dicho país que nos permite explicar mucho de su accionar en Puerto Rico. Para conocer detalles de dicho libro hemos entrevistado a su autor.
BR: Hola, Tito. ¿De qué trata el libro?
JM: Es una nueva narrativa histórica sobre el desarrollo de EE. UU. y cómo este se ha forjado en una nación que acabaría invadiendo Puerto Rico. Esta narrativa no es lo que suelen enseñar en las escuelas y universidades. Me explico: cuando era joven en EE. UU., tuve una educación formal en lo que se llama la «educación patriótica». La historia que enseñaban era para que uno terminara amando la «Gran Nación», pero no para entender realmente las fuerzas que empujan a la nación a actuar como lo hace. Desafortunadamente, este enfoque también se implantó para enseñar la historia de EE. UU. en Puerto Rico. Sin embargo, yo viví en la época de la lucha contra la guerra de Vietnam. Allí surgió un movimiento que cuestionaba la intervención del gobierno y, al mismo tiempo, la versión de su historia nacional. Esa crítica a la historia oficial frente a la historia alternativa me marcó y me acompañó durante el resto de mi vida. Por eso, cuando oía las tonterías que los políticos decían sobre la historia de EE. UU., me empujaban poco a poco a escribir este libro.
BR: Así que te lanza a lo que en Puerto Rico se conoce como la reinterpretación de la historia entre Puerto Rico y EE. UU.
JM: Bueno, en cierto modo, hay muchos libros que comienzan sus narrativas en 1898 y son muy buenos. Pero estoy convencido de que ese enfoque no explica todo lo que se debe saber, ya que excluye el proceso de formación de EE. UU. Muchos historiadores alegan, por ejemplo, que EE. UU. se convirtió en un imperio cuando ganó la guerra contra España y nos anexionó, junto con Guam y Filipinas. Yo no lo creo. Planteo que, desde las primeras pisadas de los británicos en las tierras al otro lado del océano Atlántico, ya se vio el comienzo de EE. UU. como un imperio. Comenzaron su imperio robando la tierra a los indígenas y construyendo su economía sobre la espalda de los africanos esclavizados. Presento mucha evidencia en el libro sobre ese imperialismo en desarrollo que eventualmente llega a convertirse en el dueño de Puerto Rico.
BR: En tu libro señalas el robo de las tierras de los habitantes originarios de los Estados Unidos. ¿Cómo se aleja tu texto de la narrativa tradicional sobre este tema?
TM: En la versión patriótica de la historia no se destaca el robo de las tierras a los indígenas. Más bien se destaca la valentía de los pioneros y el desarrollo de la «civilización» del oeste. En el libro, el lector encontrará documentación sobre los tratos fraudulentos, los acuerdos incumplidos y los viles asesinatos que se cometieron contra los llamados «indios» para la expansión territorial de EE. UU. La combinación de esta visión expansionista con la de supremacía blanca permitió la entrada en la guerra contra España en 1898. Aunque otros libros mencionan estos elementos, en el mío presento los orígenes y el desarrollo de la visión expansionista y de la supremacía blanca desde el punto de vista estadounidense. Esa es la característica que hace único a este libro.
BR: ¿Te costó mucho trabajo escribir el libro?
JM: Pues, como te dije, llevo años con este tema. Perdí los primeros documentos alternativos de la celebración del bicentenario de EE. UU. en 1976 por culpa de los hongos. Pero las ideas se me quedaron. Poco a poco fui acumulando otros libros y documentos sobre el tema y tuve que unir los diferentes puntos para construir una narrativa alternativa pero coherente, que es lo que presento en el libro. Un primer impulso lo recibí cuando el presidente Trump se posicionó en contra de la nueva narrativa del libro 1619, que planteaba la teoría de la importancia del papel de la población negra en el desarrollo de esa nación. El debate que este libro provocó sobre cómo enseñar la historia me impactó. El empujón final lo recibí cuando el gobernador Pierluisi declaró que Puerto Rico debe celebrar por todo lo alto la independencia de EE. UU. en 2026. En ese momento, acababa de leer el discurso que un exesclavo pronunció en 1852 titulado «¿Qué es el 4 de julio para un esclavo?». Y, para que lo sepas, analizo ese discurso en el libro.
BR: ¿Y hasta qué fecha llegas con tu libro?
JM: Pues llego hasta el día de hoy. La idea de estudiar la historia es para entender el presente y pronosticar la trayectoria hacia el futuro… ¿para qué? para poder cambiar el mundo en que vivimos. De eso trata el libro.
BR: ¿Dónde se consigue el libro?
JM: La Librería Norberto González y Claritienda lo tiene.
BR: Gracias.
JM: Gracias a ti.
